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Sábado 02 de Abril de 2016

Pensemos como el enemigo. Supongamos que soy un terrorista del Estado Islámico ... He tenido otro éxito. He convertido un miserable acto psicopatológico en una acción que evoca a la guerra, aterroriza a la población e influye en la política. He llevado a un continente al shock. Políticos famosos han dejado todo a un lado para rociarme con clichés. Personas con corona me han inundado de odio glorioso ... Mido mi éxito en páginas de periódico, horas de televisión, subidas de presupuestos de seguridad, recortes de libertades, reformas legales y –mi objetivo final– musulmanes perseguidos y reclutados para nuestra causa. No trafico con acciones, sino con reacciones ... Trabajo con las estupideces de mis supuestos enemigos
Lo peor no es el terrorismo, sino nuestra reacción a él
Simon Jenkins - The Guardian, El Diario