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Miércoles 24 de Septiembre de 2014

Cuando Estados Unidos amplió su guerra contra el Estado Islámico en Siria, el presidente Bashar al Assad ganó más apoyo militar y político del que cualquier otro líder árabe pueda vanagloriarse. Con las bombas y misiles que explotan en el este y el norte, ahora puede contar con Estados Unidos, Rusia, China, Irán, la milicia Hezbolá, Jordania y una serie de ricos países del Golfo para mantener vivo su régimen
El enemigo de mi enemigo es mi amigo
Robert Fisk - The Independent, Página/12